Llegado a la región de Cesarea de Filipo, en un momento en que estaba a solas con los apóstoles, Jesús les dirigió a quemarropa esta pregunta: “¿Quién dice la gente…?”. Después de un trato continuo con una persona, estamos en condiciones de formular un juicio personal y objetivo. Es lo que sucedió con los apóstoles: ellos vieron a Jesús, lo escucharon, conversaron con él y ahora se trata de saber qué opinión se han formado sobre él. Para dar ese juicio se necesita conocer bien a la persona de Jesús, no dejarnos llevar por imaginaciones, no basta haber leído algún buen libro que nos habla sobre Jesús, haber asistido a un retiro espiritual. Millones de hombres, seguidores de Jesús, han dado hasta la vida por ser fieles a esa afirmación sobre Jesús.
Los discípulos expresan las opiniones que han oído de la gente. El pueblo ve en Jesús a uno más entre los grandes profetas de Israel. Son afirmaciones positivas pero, dejan intacto lo principal: la divinidad de Jesús. Sólo Pedro ve en Jesús al único y totalmente diferente: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”. A diferencia del pueblo, Pedro ve al enviado único de Dios, al Mesías y Cristo. Entre las dos respuestas hay un salto abismal, una “conversión”. |