En el marco de la inauguración del templo de Jerusalén, el rey Salomón dirigió primero un discurso al pueblo, en el que rememora su historia y lo que permitió que este lugar dedicado al Señor, fuera construido (1 Re 8, 14-21). Pero después, se puso ante el altar y pronunció una oración que expresaba el significado teológico del templo. Ante todo, éste representa el cumplimiento de la promesa divina, de habitar siempre en medio de su pueblo. Salomón también se refiere a la grandeza y trascendencia de Dios, quien no puede ser encerrado en el limitado espacio de una construcción hecha por el hombre, por grande que ésta sea. El templo será, pues, el lugar de encuentro entre Dios y su pueblo, símbolo de su presencia, donde el hombre pedirá ayuda, justicia, misericordia, perdón…
Por su parte, el evangelio aborda el tema de las discusiones de Jesús con los principales grupos religiosos de su tiempo: escribas y fariseos. La observancia de las normas rituales de purificación, a menudo les hacía olvidar otros aspectos fundamentales en la relación con Dios y con los hermanos, es decir, la misericordia y la justicia. Jesús también cumplía con la ley de Moisés, pero no estaba de acuerdo con una religiosidad basada únicamente en formalidades externas, de apariencias más que de convicciones.
Oraciones de la misa: “Por la santificación del trabajo” A (M.R., pág. 764). |